jueves, 29 de junio de 2023

Se cumple el centenario del natalicio del chacrense Enrique Oliva.

 



Nació el 29 de junio de 1923 en Chacras de Coria, Mendoza; hijo de inmigrantes andaluces. Con su esposa, Teresa Raquel Moresi, tuvo 4 hijos, que le dieron ocho nietos y dos bisnietos. Abogado, Doctor en Ciencias Políticas fue docente y Secretario General en la Universidad Nacional de Cuyo; miembro fundador del CONICET (1951) y de la Universidad Nacional de Neuquén (luego Comahue) en 1964, de la que también fue su primer rector. Al respecto, aún hoy suelen recordarse sus palabras al organizar dicha Casa de Altos estudios: “Quiero traer a los doctores y a los catedráticos, pero también quiero traer a los gauchos del interior y a los mapuches, para que nos enseñen lo que saben. Las machis (sacerdotisas) saben más de las enfermedades cordilleranas que los médicos”. Docente en la Universidad Nacional de Morón. Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. “Ciudadano Ilustre” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Director de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores entre 1991 y 1998 con el rango de Secretario de Estado. Miembro de número del Instituto Nacional de Estudios Históricos Juan Manuel de Rosas. Presidente del Instituto Malvinas e Islas del Atlántico Sur, desde donde apoyaba la justa lucha de los familiares de los argentinos caídos, para que estos tuviesen un cementerio propio. Autor de numerosos libros, entre los cuales pueden mencionarse: “Malvinas: el colonialismo de las multinacionales” y “El rey de Araucania y Patagonia”. Proscripto políticamente luego del golpe cívico-militar de 1955 que destituyó a Perón, un año más tarde se refugia en Venezuela tomando contacto con el líder exiliado. Vuelto a la patria se suma a la Resistencia Peronista, participando activamente de la primera guerrilla partidaria en el Norte Argentino (los “Uturuncos”: “hombres tigres” en lengua quechua). De aquella época cuenta esta sabrosa anécdota: “Era enorme la colaboración de la gente que quería hacer cosas. Recuerdo un caso, cerca del Puente de la Noria, donde teníamos una reunión en una casa muy humilde abarrotada de gente trabajadora. Yo estaba hablando y la dueña de casa nos servía mate. No sabía que hacer para ofrecernos cosas, ó comida. Todo eran atenciones. En un momento en que ya no sabía que más ofrecernos, me dice: ‘Compañero, ¿quiere que mientras usted habla le lave la camisa?’. No podía rechazarle eso. Me saqué la camisa, me la lavó, la secó cerca del fuego y la planchó. Nunca vi una camisa mejor planchada”. Oliva fue apresado en 1960 siendo condenado por un Consejo de Guerra a 6 años y medio de prisión, de los cuales cumplió 4, ya que fue liberado por la amnistía presidencial del gobierno de Arturo Illia. Para aquellos años funda y dirige el diarito resistente “El Grasita”. En 1976 toma el camino del exilio, esta vez hacia París, luego de sufrir el secuestro de dos de sus hijos, que más tarde fueron liberados. Allí será el corresponsal europeo del diario argentino “Clarín” con el seudónimo de François Lepot. (Dirá: “Lo de François Lepot no fue una tilingada para ponerme nombre francés, sino porque mi nombre estaba prohibido y no podía recibir giros. El Banco Central era el que autorizaba la salida de dinero al exterior, entonces me puse Lepot, que en el argot francés es equivalente al ‘gomía’ de nuestro lunfardo”). La Guerra de Malvinas, años más tarde, lo mostrará como un excelso periodista, donde la lectura de sus notas se vuelve imprescindible para entender el conflicto bélico con el imperio británico. Falleció el sábado 27 de febrero de 2010. Sus familiares, a pedido póstumo de Don Enrique, solicitaron que no se enviaran ofrendas florales y que el importe destinado a aquellas, fuese enviado al comedor infantil “Estrella de Belén” ubicado en el barrio YPF, Manzana 22, Casa 46 de la ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 26 de abril de 2023

Hace 65 años Perón le escribía esta carta a Enrique Olmedo.

 



Carta al Dr. Enrique Olmedo 26 de abril de 1958


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Hotel Paz


Ciudad Trujillo, 26 de abril de 1958


Al Dr. Enrique Olmedo


Montevideo


Mi querido amigo:


Contesto su carta del 12 de marzo pasado, que me ha llegado con bastante retardo por intermedio del Mayor Vicente y le agradezco su amable recuerdo y su saludo que retribuyo con mi mayor afecto.


La agradezco asimismo y quedo en claro de las valiosas informaciones que me hace llegar con la objetividad que le es característica y que me permite formar juicio adecuado de las diversas cuestiones que expone. El "amigo" Frondizi, está ligado a compromisos que le conviene cumplir con nosotros porque su situación no será muy confortable en la Casa Rosada. Bastaría pensar que él tiene detrás un pequeño partido que es una bolsa de gatos para enfrentar a una oposición gorila que trabajará sin descanso por su fracaso, para intentar tomar las posiciones del continuismo perdido. Frente a todo éllo estamos | nosotros frente a una gran fuerza que observa, trabajando el futuro, con un gran odio acumulado a la espera de tiempos propicios. Si los gorilas han trabajado por nosotros hasta ahora, debemos pensar que, dadas las circunstancias, económicas en que dejan al país, desde el lo de Mayo comenzará a trabajar para nosotros Frondizi, quien por las buenas o por las malas deberá ser fagocitado por las fuerzas peronistas en poco tiempo deberá entregarse a nosotros, rompiendo lanzas con sus actuales partidarios que no tardarán mucho tiempo en enemistarse con él o con nosotros.


Cualquiera que tomara el Gobierno en las actuales circuns­tancias estará en grave peligro de fracasar agobiado por las condiciones económico-financieras de la Nación y del Pueblo que provocarán una agitación social sin precedentes. A corto plazo no hay soluciones y ésto provocará el descrédito inmediato del nuevo Gobierno. Si cumple con lo prometido y realiza los compromisos que tiene con nosotros podremos ayudarlo a flotar, sino podemos impulsarlo a que se hunda. De cualquier manera, para una situación de inminente fracaso conviene que esté en el Gobierno un enemigo y no un amigo o uno de los nuestros. El está en nuestras manos. Nosotros en la oposición nos agrandaremos, máxime con la experiencia gorila y los resultados de la gestión infame de la dictadura de la que Frondizi fué cospículo participante. Estamos bien para atacarlo si es necesario o para defenderlo si nos conviene. Todo depende de cómo se comporte.


Para todo éso necesitamos una sola cosa: una masa bien organizada con gran cohesión y disciplina. De todo éllo ha dado muestras evidentes el Peronismo en las duras jornadas vividas en estos tres últimos años. El infortunio nos ha fortalecido y ha endurecido la voluntad peronista. En la actualidad disponemos de una organización clandestina que ha demostrado su eficacia en los hechos y una resistencia organizada que se mantiene en Pie, pese a la inacción de los actuales momentos de tregua, pero pronta para reiniciar la lucha si fuera necesario. Con la llegada de la legalidad constitucional será necesario organizar legalmente al Movimiento, una vez que hayan sido superados los momentos iniciales de las reparaciones a que tenemos de­recho y a que está obligado el nuevo Gobierno. En todo este proceso irán cayendo los que han dejado de cumplir sus deberes de peronistas y se irán imponiendo los nuevos valores eviden­ciados en la lucha y en el sacrificio. Las estructuras podrán ser las mismas ya clásicas en nuestro Movimiento, pero los hombres van a cambiar mucho. Todo será para mejor porque ahora sabemos quién es quién en el Peronismo y la masa será la encar­gada de imponer los mejores dirigentes que mejor encuadren a los valores que la masa ha demostrado en todas las ocasiones.


Dentro de estas reorganizaciones me parece una excelente idea la que Usted me propone: organizar de nuevo la Escuela Superior Peronista y editar de nuevo "Mundo Peronista". Le pido en consecuencia que se ocupe de éllo y comience a estudiar el asunto. Entre las reivindicaciones que esperamos, de acuerdo con los compromisos, está precisamente la devolución de los bienes del Movimiento de manera que hay que contar enseguida con la necesidad de reorganizarlo todo en el menor tiempo para continuar como si nada hubiera pasado.


Con los diarios ha de ocurrir lo mismo y está dentro de lo previsto. La devolución de todo lo peronista será el punto de partida para el "modus vivendi" establecido. Y nosotros exigi­remos el cumplimiento integral antes de actuar en un sentido o en otro. La Fundación Eva Perón debe también ser devuelta en las mismas condiciones en que se encontraba en 1955. En fin, que habrá trabajo para todos los peronistas y en gran cantidad. Posiblemente al principio tropecemos con algunas dificultades, pero estoy persuadido que en poco tiempo podremos tener todo en marcha.


Hay que pensar en todo y Ustedes deben ir ya haciendo los cálculos de todo tipo para enfrentar las necesidades que tendre­mos en los primeros tiempos. Mientras los organismos pura­mente políticos se encargan de la reorganización y puesta a punto del instrumento partidario, los demás deben ocuparse de todo lo que constituye el acerbo material, espiritual y doc­trinario intelectual del Movimiento Peronista. Por todo éllo se dará Usted cuenta de lo que necesitamos de todos en trabajo y sacrificio. Las inquietudes de todos los dirigentes que quieren trabajar por el conjunto son valiosas y contarán con el apoyo incondicional del Comando Superior Peronista. Las inquietudes personales de los comanduleros que tratarán de sacar ventajas propias del "río revuelto" contarán con la sistemática oposición del organismo estratégico que, conmigo a la cabeza, está dis­puesto a todo para evitar que los logreros vuelvan a entronizarse en la dirección peronista.


Hemos aprendido mucho para que en lo sucesivo nos vuel­van a engañar los vivillos de siempre. Hemos cometido muchos errores; por eso hemos aprendido con el infortunio. Hemos aprendido a conocer a los hombres...


El amigo Don Ramón Prieto que le lleva esta carta le hablará con referencia al 9 de junio. Yo comparto su idea de que sea tomado por el Movimiento y que preparemos nosotros los homenajes. Sin duda hay que hacer una cosa seria que no se degenere en demostraciones violentas callejeras de provocación que pueden ser aprovechadas por los enemigos. Hay que hacer una cosa nacional que repercuta en todo el país y que consista en un homenaje digno, que sirva a la vez para golpear a la canalla asesina dictatorial. Sobre ésto y otras, cosas le hablará el amigo Prieto.


Le ruego que salude a los amigos y compañeros que se encuentran en ésa y les pida disculpas en mi nombre por no haberles escrito a todos. He debido interrumpir toda corres­pondencia con el Uruguay, porque allí todo era abierto o secuestrado en el correo de ese país, cuya democracia sólo consiste en tener seis presidentes y numerosos ministros. En e' último año he debido limitar la correspondencia a lo que Sólo puedo remitir en propias manos para evitar indiscresiones de los sicarios de la tiranía. Sólo mandamos lo que queremos que éllos se enteren. Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón


lunes, 4 de octubre de 2021

Se cumple el 160° aniversario de la Batalla del Manantial

 

General Octaviano Navarro



La Batalla del Manantial fue un enfrentamiento militar librado el 4 de octubre de 1861 entre las fuerzas unitarias y federales en el contexto de la Guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires.


Tras la victoria federal en Cepeda Pedro Ramón Alcorta, gobernador de Santiago del Estero intento librarse de la influencia de los hermanos Taboada (Antonino y Manuel) pero estos se alzaron en armas y lo derrotaron en el combate de Maco (24 de septiembre de 1860). Alcorta se exilió en Tucumán pero los líderes federales no hicieron nada para apoyarlo.


Posteriormente el gobernador tucumano Salustiano Zavalía intento intervenir en defensa de Alcorta pero fue derrotado y terminó siendo derrocado por el sacerdote José María del Campo poco después y reemplazado por el unitario Benjamín Villafañe. Tras la victoria unitaria de Pavón y deseando evitar que estos pasaran a controlar el noroeste del país el gobernador catamarqueño, general Octaviano Navarro, el general salteño Aniceto Latorre y el caudillo tucumano Celedonio Gutiérrez junto a las fuerzas leales a ambos gobernadores derrocados invadieron Tucumán con la idea de atacar luego Santiago del Estero. A inicios de agosto Navarro instaló su cuartel general en Albilgasta (departamento de La Paz) reuniendo una tropa de 2.000 catamarqueños, incluyendo un regimiento de infantería, tres de caballería y su escolta personal de 300 jinetes.


Navarro avanzó desde Catamarca y Latorre con Gutiérrez desde Salta, uniendo sus fuerzas posteriormente y obteniendo la victoria del Manantial el 4 de octubre. Juan Manuel Terán fue nombrado nuevo gobernador de Tucumán. Pero el éxito no fue bien aprovechado por los federales, al poco tiempo la mayoría de las tropas se retiraron de la provincia mientras los Taboada intervinieron rápidamente en ella para evitar que la siguiente provincia en ser invadida fuera la suya.


Dos meses tras el enfrentamiento Del Campo derrotó con la ayuda de Antonino Taboada a Celedonio Gutiérrez en la batalla del Ceibal (17 de diciembre) y recupero el control de Tucumán. Tras la victoria, y con el gobernador Villafañe fuera de la provincia Del Campo se hizo elegir gobernador interino y luego definitivo de la provincia.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Se cumplen 55 años de esta carta de Perón a su amigo Jorge Antonio




Carta al Sr. Jorge Antonio 20 de diciembre de 1964

Escrito por Juan Domingo Perón.

Torremolinos, 20 de diciembre de 1964.

Al Sr. Jorge Antonio

París

Mi querido amigo:

Estoy sin noticias suyas desde su partida hacia la dulce Francia y me tiene preocupado el hecho de cómo le habrá ido allí. Solucionado más o menos bien el viaje de los muchachos, con sólo la detención de Framini, que veremos como se soluciona, me queda sólo la preocupación de su situación. Por eso le pido que no deje de informarme.

En la Argentina las cosas se complican cada día más. Ha comenzado a funcionar mejor la guerra sicológica por parte del Peronismo a lo que se ha sumado lo de las cartas del cretino de Rauch que, en esta ocasión, aunque diga un montón de disparates inconciliables con la congruencia, por lo menos suma un lío más al Gobierno y amenaza al Ejército con una división mayor que puede llevarlo a lo que nosotros queremos. Usted ve que un bruto suele ser muchas veces más útil que un malo.

Todavía estoy "confinado aquí con dos centinelas a la vista"; llevo ya veinte días preso entre Sevilla y Torremolinos. Es indudable que se trata de una real cabronada para impedirme que pueda viajar antes del 31 de diciembre, probablemente por orden del Virrey U.S.A. Ayer pasé una nota al Ministerio de la Gobernación para que se aclare esa situación. La llevó Isabelita y espero que contesten por escrito para tener constancia de la vejatoria situación a que me someten.

Es doloroso comprobar lo que valen los hombres y el precio' que hay que pagar para ello suele ser muy ingrato. En nuestra situación recién se llega a lograrlo. Usted ve cuanta infamia junta hay detrás de la declamatoria monserga de la gratitud, la hidalguía y los tan mentados "cojones" que ahora no aparecen por ninguna parte. Para un Quijote como Cabanilles hay mil Sanchos que se encargan de anularlo y así se escribe la Historia.

Cada día me incüno más por salir de España y buscar refugio fuera de Cartago. Veremos que dice el amigo Nasser. Pero como quiera que sea la situación actual hace muy difícil mi permanencia aquí. Yo creo que todo lo que me están haciendo es para que me vaya. Lo que hicieron con Usted, sin contemplaciones, evidencia que las garantías son demasiado aleatorias y los procedimieñtos suficientemente draconianos como para que nos hagamos ilusiones.

Como Usted sabe yo cuento con medios económicos muy limitados, y para no comerme el poco capital invertí en comprar el terreno y la casa en Puerta de Hierro. Si debo salir de España la cosa se me va a poner peligrosa y por eso quiero vender todo antes de salir. Si no hubiera cometido el error de creer en la hidalguía y los "cojones" no habría comprado nada y ya estaría fuera de España pero, desgraciadamente, no es esa mi situación.

Ahora mientras este aquí debo cumplir lo prometido y no desarrollar actividades políticas, ni recibir visitas y aceptar este confinamiento, porque el hecho de que ellos hayan sido, como dicen aquí, unos cabrones, no me autoriza a mí también a serlo. Esto no me preocupa porque los muchachos llevan el documento necesario para hacerse cargo de todo por lo menos hasta que yo arregle mis cosas y pueda salir de aquí.

Sé, por lo que me ha informado Verdejos, que Usted anda allí con gran actividad y promisoria fortuna ¿Quién sabe si Francia resulta tan adversa como imaginábamos? En esto suelen haber sorpresas no imaginadas. Espero que así sea.

No deje de escribir o hacerme informar. Sé que Giménez ha viajado y espero sus noticias. Por acá todo bien a pesar de estar "entre los indios". Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón

jueves, 10 de octubre de 2019

Hace 47 años Perón le escribía a los compañeros peronistas próximo a volver a su amada Argentina




Carta a los compañeros 10 de octubre de 1972

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 10 de octubre de 1972.

A los Compañeros peronistas:

Antes que noticias mal intencionadas puedan llegar al pueblo argentino, deseo ser yo quien les informe la verdad sobre mi proyectado viaje a la Patria.

Me cuesta comprender las causas por las cuales los argentinos no pueden llegar, con un objetivo común, a las soluciones que el país y el pueblo reclaman. La normalización institucional de que se ha hablado, no puede tener inconvenientes, si se la trata y establece de buena fe con la suficiente grandeza y sin intereses bastardos que la interfieran.

Si todos deseamos, dentro de esta regla, el bien de la Patria, no me explico las razones que puedan existir para impedirla.

El gobierno ha manifestado, por boca de su Presidente, que esta dispuesto al diálogo y que yo puedo regresar al país cuándo y cómo lo desee, con todas las garantías.

Ello me ha impulsado a retornar a la Patria, después de dieciocho años de ostracismo, por si mi presencia allí puede ser prenda de paz y entendimiento, factores que según veo, no existen en la actualidad. Pienso que la situación del país, bien impone cualquier sacrificio de sus ciudadanos, si con ello se crea el más leve resquicio de soluciones.

Ya van a ser casi treinta años que me encuentro empeñado en alcanzar tales soluciones y anhelo, si ello es posible, prestar quizá mi último servicio a la Patria y a mis conciudadanos. Por eso a pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia, me impulsa a tomar la decisión de volver, con la más buena voluntad, sin rencores que en mí no han sido nunca habituales y con la firme decisión de servir, si ello es posible.

Por todo ello, pido a mis compañeros que, interpretando mi regreso dentro de tales sentimientos y designios, colaboren y cooperen, para que mi misión pueda ser cumplida en las mejores condiciones, en una atmósfera de paz y tranquilidad indispensable para todo lo que deseamos constructivo. Espero que nuestros adversarios lo entiendan de la misma manera, si es que, como nosotros, anhelan terminar con los odios inexplicables y las violencias inconcebibles.

Espero, Dios mediante, estar con Ustedes el día 17 de noviembre próximo.

Hasta entonces y un gran abrazo sobre mi corazón.

Firmado: Juan Domingo Perón.

martes, 16 de julio de 2019

Se cumplen 179 años de la Batalla de Sauce Grande. Triunfo de la Confederación sobre los Unitarios

Pascual Echagüe


La Batalla de Sauce Grande (cerca de Paraná, Argentina, 16 de julio de 1840) fue un enfrentamiento ocurrido durante el largo período de las guerras civiles argentinas, entre las fuerzas del gobernador de la Provincia de Entre Ríos, general Pascual Echagüe, y el ejército de la Provincia de Corrientes, al mando del general Juan Lavalle. En el ejército de Echagüe formaban poderosos refuerzos enviados por el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, y muchos oficiales del Partido Blanco de la vecina República Oriental del Uruguay, entre ellos el general Manuel Oribe. En las fuerzas de Lavalle figuraban algunos refuerzos llegados desde Montevideo y la mayoría de sus oficiales eran miembros del Partido Unitario, exiliados desde tiempo atrás por su oposición a la política de Rosas.

La batalla se saldó con una victoria de las fuerzas de Echagüe, aunque ésta no fue total y permitió retirarse al enemigo en relativo orden.

En 1839 estalló una guerra civil en la Confederación Argentina, entre los partidarios de Rosas y varios grupos opositores, genéricamente identificados con el partido unitario. La intención de los revolucionarios era obligar a Rosas a sancionar una constitución, que cada grupo creía que lo favorecería en detrimento de los demás. Por su parte, Rosas culpaba a la "manía" de intentar sancionar una constitución por las guerras civiles – y, de paso, aprovechaba la inexistencia de la misma para dominar el país y apoderarse de los ingresos de la Aduana de Buenos Aires, la principal fuente de ingresos públicos del estado.

Los principales núcleos de resistencia contra Rosas eran tres: en primer lugar, la República Oriental del Uruguay, en donde el presidente Fructuoso Rivera protegía a los emigrados unitarios y daba una base de operaciones a la escuadra francesa, que apoyaba todas esas revueltas. En segundo lugar, la mayor parte de las provincias del noroeste se habían organizado en la llamada Coalición del Norte, y se preparaba para enfrentar a Rosas y a sus aliados. Por último, estaba la Provincia de Corrientes, en donde el gobernador Pedro Ferré puso al general unitario Juan Lavalle al frente del ejército provincial.

Operaciones militares

El ejército de Lavalle inició su marcha sobre Entre Ríos en marzo de 1840, avanzando rápidamente hacia el sur, y buscando llegar al puerto de Punta Gorda– actualmente Diamante – donde debía aprovisionarse con el armamento, municiones y vestuario que debía entregarle la flota francesa, anclada en ese lugar.

El 10 de abril, el gobernador Echagüe se cruzó en su camino, siendo derrotado por las fuerzas de Lavalle. Pese a la forma en que la noticia fue propalada por la prensa opositora a Rosas y, sobre todo, la de Montevideo, la victoria no fue completa. Echagüe salvó toda su infantería y artillería.

Simultáneamente, el 16 de abril, Fructuoso Rivera invadió Entre Ríos, ocupando Concepción del Uruguay. Pero no se decidió a avanzar hacia el interior de la provincia. Sólo el jefe de su vanguardia, general Ángel Núñez, hizo algunas excursiones hacia el oeste.

Lavalle exigió a Ferré que le enviara refuerzos, pero éste – que temía que Lavalle quisiera cruzar el río Paraná con el ejército correntino – se limitó a enviarle al general Manuel Vicente Ramírez con unos pocos soldados. En cambio, se incorporó al ejército la división de Ángel Núñez. Lavalle le encargó ocupar todo el centro de la provincia, que quedó bajo el mando militar del anciano caudillo Juan León Solas. Entre los pocos oficiales que se incorporaron, venidos desde Montevideo, se contaba el general Iriarte.

La flota francesa le había aportado mucho armamento y municiones, incluso alimentos, pero le faltaban caballos; la inmovilidad de Echagüe permitió al ejército correntino distraer gran parte de su caballería muchas leguas al norte, hasta Alcaraz, a reunir caballos para el ejército.

Echagüe retiró sus tropas a Nogoyá y luego hacia Paraná, estableciéndose en una posición defensiva junto al arroyo Sauce Grande, rodeado de defensas naturales: cuchillas con empinadas barrancas, bosquecillos de arbustos espinosos, y arroyos con cauces de difícil cruce. La ubicación del campo atrincherado de Echagüe – y de la subsiguiente batalla – coincide exactamente con la estación Racedo. Rosas, por su parte, le envió considerables refuerzos. Entre las fuerzas enviadas en ayuda de Echagüe, se contaba un gran contingente de las provincias de Cuyo, al mando del coronel Pantaleón Argañaraz.

Durante casi tres meses, los ejércitos permanecieron uno frente al otro sin combatir, aunque intercambiando diariamente tiros de fusil y de cañón.

Lavalle sabía que estaba perdiendo el tiempo, por lo que decidió esperar que la flota francesa estuviera lista para la maniobra que planeaba. Su intención era atacar a Rosas en su provincia, mientras dejaba a Echagüe cercado por una parte de su infantería, en la posición defensiva que había adoptado. Posiblemente esperaba para realizar la maniobra completa la incorporación de fuerzas provenientes de Corrientes y el Uruguay, pero estas fuerzas nunca llegaron.

De modo que la fecha de la batalla fue fijada por la noticia de que la flota francesa había reunido buques suficientes para embarcar todo su ejército.

La batalla

En la tarde del 15 de julio, Lavalle ordenó bombardear las posiciones de la artillería enemiga, y quedó convencido de haberla obligado a evacuar sus posiciones; al día siguiente se enteraría de que eso no había ocurrido. Ese mismo día, llegó a Punta Gorda un buque, llevando a bordo al general José María Paz y al doctor Salvador María del Carril. Lavalle les prohibió acercarse al ejército.

Al mediodía del 16 de julio – después de pasar varias horas en completa inacción debido a una densa niebla – las columnas de Lavalle avanzaron hacia el enemigo. En vez de desplegarse en alas, como era la costumbre en esa época, avanzaron en columnas: primero la caballería de Niceto Vega, seguida de las de Prudencio Torres, Manuel Rico y Manuel Vicente Ramírez. A un costado de éstas, separadas por el arroyo Sauce Grande, marchaba la infantería, al mando del coronel Pedro José Díaz. Más a la derecha aún marchaban dos baterías de 4 piezas cada una. Por detrás esperaba para marchar la reserva, al mando de José María Vilela. Lavalle ocupaba una posición entre la división Vega y la de Díaz, acompañado por su jefe de estado mayor, general Iriarte.

El ejército federal esperaba en sus posiciones, inexpugnables por varios de sus lados, debido a las barrancas de los arroyos. La infantería estaba al mando del general Manuel Oribe, el expresidente uruguayo, la artillería bajo el mando del marino Juan Bautista Thorne, y por detrás dos alas de caballería, comandados por Justo José de Urquiza y Servando Gómez. El jefe de estado mayor era el general Eugenio Garzón.

Toda la batalla se combatió en parcelas aisladas entre sí por zanjones; el ejército que debía avanzar – el de Lavalle – llevaba la peor parte hasta que lograba cruzar cada barranca. Pero después la batalla se decidía por la valentía de los soldados y por la pericia de los jefes.

La división Vega se desplazó hacia la derecha, pero fue detenida y arrollada por la de Urquiza. El mismo Vega fue herido de cierta gravedad, y el teniente coronel Zacarías Álvarez, su segundo, resultó muerto.

La infantería unitaria avanzó hasta que fue detenida por la artillería enemiga. En esa posición, expuesta al cañoneo, esperó que la artillería de su ejército acabara con la enemiga, confiando en el daño que había producido el cañoneo del día anterior. Pero, justamente por ese cañoneo, pronto la artillería del teniente coronel Luis Manterola se quedó sin municiones. La infantería quedó desprotegida, y la artillería federal la destrozó sin piedad.

Lavalle ordenó entonces retirada, ordenando a las divisiones de caballería de reserva que cerraran el paso a la caballería federal. No obstante, esta vez fue Echagüe quien no supo o no pudo aprovechar la ventaja: la caballería federal ni siquiera comenzó una persecución a las tropas enemigas.

Consecuencias

Lavalle trasladó su ejército hasta Punta Gorda, donde se puso bajo la protección de los cañones de la flota francesa. En ella había llegado el general José María Paz, un jefe especialmente capaz. Pero ambos generales tenían una opinión exageradamente alta de sí mismos, de modo que hubiera sido imposible que colaboraran mutuamente. Lavalle envió a Paz junto al general Ramírez a Corrientes, para que explicara a Ferré su posición y le pidiera nuevos auxilios.

Sin esperar respuesta, Lavalle embarcó su ejército en la flota francesa y abandonó Entre Ríos. Tanto los líderes federales como todos los unitarios creyeron que se retiraría hacia Corrientes. O que, tal vez, intentaría atacar Santa Fe.

Pero, en un movimiento audaz, Lavalle se trasladó por medio de barcos franceses hacia San Pedro, en la Provincia de Buenos Aires. La guerra cambió desde entonces de escenario, y se prolongó por dos años más.

El último cuerpo del ejército de Lavalle, la división de Núñez, intentó retroceder hacia el río Uruguay. Pero fue alcanzado por la caballería de Urquiza y de Gómez en Arroyo del Animal, cerca de Gualeguay, y completamente derrotada.

Por su parte, Ferré, enfurecido, lanzó una proclama violenta contra Lavalle:

"Lavalle… os ha abandonado, desertando con el ejército de ésta, a quien ha sorprendido y engañado. ¿Lo creéis, correntinos? Ese hombre a quien recibisteis con el abrazo de amigo, y a quien prodigasteis vuestra confianza y elementos, retribuye hoy vuestra lealtad y generosidad con la más negra de las traiciones. Correntinos: ha llegado el caso de redoblar nuestros esfuerzos. La causa de la libertad, que habéis jurado defender, no depende de la defección de un malvado; nos sobran medios de vencer y lo haremos, sin que el nombre de él manche nuestras glorias en lo sucesivo. Armémonos y la victoria será nuestra. Mañana marcha a campaña y os aguarda en su cuartel general vuestro compatriota Pedro Ferré."

Poco más tarde, puso al frente de su nuevo ejército provincial al general Paz. Éste mantendría en armas a Corrientes hasta fines de 1842, más de un año más que lo que lograría Lavalle.

viernes, 28 de junio de 2019

Hace 63 años moría el compañero Aldo Emil Jofré






Resistente Peronista. Asesinado en la Regional Policial de Lanús el 28 de junio de 1956. Fue partícipe de la fallida sublevación del General Juan José Valle el 9 de junio del mismo año. Simularon un suicidio por ahorcamiento. “El asunto fue que mientras manipulaban productos peligrosos Aldo Jofré y Ferraso quedaron heridos después de una explosión. Llegó la policía y los detuvieron. Jofré nunca pudo curarse del todo de las quemaduras porque seguro lo torturaban sobre las heridas. Pero era joven y fuerte, así que a pesar de todo se fue reponiendo. Pero un día apareció ahorcado en su celda, la policía dijo que Jofré se había suicidado. Yo estoy seguro que no, se ve que se les fue la mano en la tortura, le dieron de más y se les fue. Entonces lo colgaron para justificar el asesinato. Total…¡Quién iba a investigar!” (Declaraciones de otro resistente, Osvaldo Banzini, al historiador Enrique Arrosagaray).